Leyenda de Las Termas de Copahue (Neuquén)

copahue

Cuenta la leyenda que hace muchos años existía al pie de la cordillera, en lo que hoy es la provincia de Neuquén, una tribu en cuyo seno había nacido un joven muy fuerte y valiente, su nombre era Copahue.

Copahue fue creciendo y su ferocidad valentía lo convirtieron en un guerrero destacado de su tribu. Peleaba sin descanso y desde pequeño dio señales líder. Acostumbran en esa época a movilizarse de un lugar a otro los guerreros de las tribus para poder conocer los territorios con los que lindaban sus tierras. Fue a la vuelta de uno de estos viajes que las divinidades del cielo y la tierra los pusieron a prueba y allí comenzó todo.

Copahue y sus compañeros venían cruzando la Cordillera de los Andes desde el lado chileno cuando un viento helado, el viento que viene del otro lado de las montañas, empezó a soplar con toda su furia. Los guerreros caminaban por las laderas de los cerros asiéndose de las protuberancias de las paredes, sosteniéndose fuerte y dando pasos con cuidado pues la fuerza eólica los empujaba al vacío. Algunos trastabillaron y cayeron, otros cayeron detrás de los primeros al tratar de ayudarlos.

La situación lejos de mejorar empeoró cuando la violencia del viento arrastró unas nubes cargadas y la lluvia se desató cruel e inclemente. Asustados los guerreros trataron de guarecerse pero no encontraron sitio. Las pasarelas eran cada más resbalosas por lo que decidieron suspender la marcha y esperar que escampara. Tenían las piernas congeladas, los dedos engarrotados, y las narices rojas. Cuando pareció que la lluvia aminoraba su caudal, se oyó un fuerte estruendo que retumbó en el fondo lejano de los valles y en los picos elevados de las cumbres. Inmediatamente se divisaron enormes rocas que caían en picada desde la cima. Todos fueron arrastrados.

Los ojos de Copahue se abren y ve una alfombra blanca de nueve, se cierran. Los ojos de Copahue se abren y no ven a sus compañeros, se cierran.

Copahue abre los ojos, se incorpora a duras penas, está solo, la nieve lo cubre todo, está rodeado por altas cumbres blancas. No sabe a dónde está ni cuál es su orientación. Mira para arriba desesperado y trata de encontrar alguna señal. Todo está blanco. Todo menos una terraza en una ladera, una luz. Logra ponerse de pie y caminar en dirección a lo que presume un refugio. Tiene las dos piernas y un brazo heridos. Una vez sobre la terraza descubre que se trata de un toldo, una especie de carpa de donde brota luz. Abre el pedazo de cuero que funciona como puerta y la ve. top1

Sus ojos se chocan con la criatura más hermosa que sus ojos hayan visto jamás. Tiene el pelo negro y largo y su piel es blanca como la nieve. Ella lo mira y le dice: “Adelante, Copahue. No tengas miedo, te estaba esperando”. Él se deja caer junto a su falda, el dolor y el frío han disminuido  su fortaleza física pero no espiritual, de todas maneras su cuerpo no responde, pero se deja vencer por el cansancio, su corazón le dice que está fuera de peligro.

Al despertar pensó en varias cosas, estaba a salvo, estaba curado y todo se lo debía a esta muchacha tan maravillosamente hermosa, de la que sólo sabía que era una criatura mágica. “Tú eres el Hada de la Nieve”, dijo Copahue, y la muchacha sonrió al momento que le decía, “Tengo muchos nombres, para ti seré Pirepillán. Atendí y curé tus heridas, ahora es tiempo de que vuelvas a tu aldea, Copahue. Allí serás grande y el más poderoso, eso te costará la vida, pero coronará tu honor de guerrero”. Copahue se sintió feliz y anonadado. Agradeció las atenciones y el mensaje, luego emprendió el regreso.

Apenas volvió a su aldea fue elegido lonko de  la tribu (jefe) lo que lo convirtió en general de a cargo de los guerreros. Con ellos libró miles de batallas que lo hicieron vencedor y dueño de una fama sin precedentes por esas tierras. Hubo tribus enemigas que antes de enfrentarse a Copahue se unieron a sus filas, tal era el temor de verse derrotadas en batalla por el gran jefe que tenían.

La gloria y la fama coronaban sus días, sin embargo en el alma del héroe habitaba una pena más grande que cualquier reconocimiento: Pirepillán. Se había enamorado del hada y ya nada lo hacía feliz, sólo podía cumplir fatalmente con el destino que ella le había deparado con la esperanza de que algún día ella volviera a aparecer. Pero no pasó mucho tiempo hasta que alguien trajo noticias del Hada de la Nieve. Un forastero sabiendo de la inquietud del lonko fue hasta él para contarle las nuevas que tenía del Hada. Pirepillán había sido secuestrada por dos monstruos y estaba presa en el cráter de un volcán en medio de la gran Cordillera. Copahue decide armar un pequeño grupo de guerreros e ir a rescatarla contrariando todas las advertencias de los ancianos de su tribu. Venciendo enemigos naturales, tales como el viento, la lluvia, la nieve y las alturas, Copahue llegó solo al volcán en el que un puma con colmillos de sable y un cóndor de dos cabezas custodiaban a la muchacha. Los venció, y se llevó al hada a la aldea con él. Caminando de vuelta, pasaron por el lugar en donde se hallaba el tesoro del volcán y pudieron ver el oro resplandeciendo bajo sus pies. Llegaron más rápido y una vez a salvo se casaron.

Lleno de felicidad Copahue ya no sentía necesidad de seguir peleando y arriesgando su vida a cada paso, la dicha se hallaba ahora en casa, no en el campo de batalla, sin embargo, la tribu empezó a reclamar a su héroe. Éste los esquivó todo el tiempo que pudo hasta que una tribu vecina invadió su territorio y tuvo que actuar impulsado por el compromiso, y el amor a su pueblo. La gente culpó a la desgraciada esposa por la muerte de su marido y quiso vengarse.

Fueron a buscarla a su choza, la desprendieron de los brazos de su hija, y de los pelos la arrastraron al medio del bosque. Paralizada del temor, y ya sin poderes mágicos, hizo lo único que su corazón le dictó y solicitó la ayuda de su amado, gritó “COPAHUEEEEEEEEEEEEE”. Sus captores temieron el nombre del héroe y la apuñalaron en el abdomen, la dejaron tirada y salieron corriendo.

Dicen que la sangre de Pirepillán se volvió transparente hasta que se convirtió en agua, pero no en un agua corriente. Son aguas sanadoras, alivian el dolor y curan enfermedades. Hoy las conocemos como las Termas de Copahue.