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La historia del guardapolvo blanco, un invento argentino

En la Argentina, se los ha llamado a los chicos con guardapolvo blanco, las palomitas blancas. Como bien sabemos tanto en nuestro país como en otros países de Sudamérica, se pueden ver en muchas escuelas los guardapolvos blancos. Algo muy característico en la mayoría de las escuelas, como uniforme autorizado.

Algunos le atribuyen el invento del guardapolvo blanco a Domingo F. Sarmiento. Pero… ¿Será así? ¿A quién le otorgamos la paternidad?

Fotografía de dos niños argentinos con el característico guardapolvo blanco de la Escuela Pública, tomada por Luis Gastal el 16 de febrero de 1929 en las proximidades de la localidad de Villa Elisa, Provincia de Entre Ríos

En primer lugar, se debe descartar que sea Domingo F. Sarmiento, la razón se debe a que cuando él murió en 1888, aún no había aparecido el guardapolvo blanco. Lo cierto es que hay dos maestros a quienes debemos otorgar la paternidad, Diego del Pino y Enrique M. Mayochi. Cada uno hizo su aporte y también hizo lo propio Inés Dussel, quien profundizó aquellos trabajos allanando el camino.

A continuación y según una investigación, se establece un orden cronológico con los posibles promotores del guardapolvo blanco:

Pablo Pizzurno: En un escrito que data entre 1904 y 1909, el educador manifestó su contrariedad por los vestidos lujosos que llevaban algunas alumnas cuando iban clases.

Julia Caballero Ortega: Una maestra de manualidades que dictaba clases en Avellaneda, en 1905 sugirió a sus alumnas el delantal blanco.

Antonio Banchero: Maestro de sexto grado de la Escuela Presidente Roca, en 1906 propuso el delantal blanco a sus alumnos y los docentes.

Pedro Avelino Torres: Fue promotor de esta idea en los primeros tres años del siglo.

Para 1915, en la Escuela porteña Cornelia Pizarro del barrio de la Recoleta, la maestra Matilde Filgueira de Díaz reunió a los padres para explicarles que ir a la escuela con la ropa ponía en clara evidencia la condición social de las estudiantes generando así divisiones.

Ciertamente no se equivocaba la maestra en pensar de esta manera, era muy notable ver a las alumnas de buena posición económica con las alumnas que provenían de una condición más humilde. Por eso en 1918, cuando Filgueira es nombrada directora de la misma escuela, presentó una propuesta para instaurar el guardapolvo de un mismo color que uniformara a todas las alumnas por igual. Sin embargo, no se logró un acuerdo con los padres en su totalidad, ya que para algunos era una idea descabellada y para otros, aunque apoyaban la idea, no se ponían de acuerdo para establecer el color del guardapolvo.

A pesar de todo esto, Filgueira siguió adelante con su objetivo comprando varios metros de tela de color blanco, lo cortó y distribuyó entre el alumnado, además de dar las indicaciones para que las madres lo confeccionen al modelo del guardapolvo.

Lamentablemente hubo padres a quienes no les gustó la idea, por lo cual protestaron y fueron al Ministerio de Educación. Allí se resolvió enviar a un funcionario del Consejo Escolar, con el propósito de que investigue y observe las aulas, los recreos y todas las actividades. Los resultados fueron que estuvo de acuerdo con la idea del guardapolvo blanco para las alumnas, el color blanco se eligió por los médicos y sus auxiliares, por la estrecha relación con la higiene.

El 23 de diciembre de 1915, el Consejo Nacional de Educación, recomendó al personal docente que usara guardapolvo “durante las horas de servicio y dentro de la escuela”, con el motivo de que “además de inculcar a los niños la tendencia a vestir con sencillez, evitará de este modo la competencia en la vestimenta, accesorios y adornos, entre el mismo personal, etc.”

Antes de iniciarse el ciclo lectivo en 1922, se recomendó a los alumnos el uso del guardapolvo blanco. Hasta que en 1942 su uso pasó a ser obligatorio. Y dejó de ser discutido el guardapolvo blanco escolar, otro invento argentino.