Entrevista a la coplera María Arjona

María Arjona es tímida, menuda, serena y apasionada por el poder de la copla[1], que según sus palabras “son mi vida misma, ellas me hacen respirar”. Su vida es sencilla, humilde, su más importante posesión es su caja[2], el cinto con el cuchillo labrado que era de su padre y el traje que le regalaron cuando fue invitada al festival de folklore de Catamarca. “tengo otro traje que me regalaron hace mucho pero este es más bonito”, me dice posando para la foto. Decenas de amuletos (plumas, flores, cintas, uñas de vaca…) decoran su sombrero, “mejor no le saque fotos, son para la suerte”, me aclara, quizás temiendo que la foto le arrebate su poder. Yo respeto el pedido y la fotografía de cuerpo entero.

María nació en Santa María, un pueblo de la provincia de Catamarca, en medio de los hermosos Valles Calchaquíes. Ignora cuando inició su vida, solo sabe que fue hace “mucho tiempo, cuando el pueblo era más pequeño” —nacida en los cerros, en una humilde familia que poca importancia le daba a dejar registro de nacimientos— sabe de caminos de tierra sinuosos, de cielos inmensos, de cerros altos, de aromas y silencios. Su vida no fue fácil, casi no pudo ir a la escuela pues quedaba lejos y a veces era necesario sumarse al trabajo de la cosecha para poder poner comida en la cena. Fue su padre,  coplero él, quién le trasmitió el arte de la copla y el amor a las mismas, marcándole así el camino que ella seguiría toda su vida.

“Cuando suelto la copla”— me dice—, “estoy viva, me lleno de energía y puedo decir lo que quiero. A veces canto lo que me enseñó mi padre, otras lo que me da la gana”— y mientras me cuenta golpea la caja como si las palabras solo le nacieran al ritmo de su percusión.

María no tiene celular, ni Facebook, ni internet, pero le brillan los ojos de contento cuando el digo que el video lo voy a poner para que mucha gente pueda conocerla. “Eso está bien, un día también me filmaron pero nunca me vi, ¿me van a ver en Buenos Aires?”— me pregunta. Le digo que sí, que la van a ver en toda Argentina y en otros países. “Mucha gente ya no sabe qué es la copla, mejor que me vean y sepan

—¿Qué es la copla María— le pregunto.

La copla es el canto de la tierra, del camino y del alma—me responde.

 

[1] La copla es una composición poética típica en la cultura del interior (sobre todo entre campesinos). Consite generalmente en un verseado en forma de cuartetas con distintas extensiones silábicas( hexa, penta u octosilábicas). Generalmente se acompaña con el ritmo de la caja.

[2] La caja chayera o vidalera (o “uancara”) utilizada sobre todo en el Norte argentino, es un instrumento de percusión construido con un aro de madera que puede ser de  nogal, cardón sauce, etc., y con dos parches o membranas de cuero de oveja, cabra, llama, etc.

Aquí pueden verla y escucharla