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Leyenda de la Piedra Movediza de Tandil

El Origen de la Sierra de Tandil y de la singular Piedra Movediza

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Cuenta la leyenda que en el origen de los tiempos el Sol y la Luna eran esposos, dos dioses tan buenos como imponentes.

El Sol daba al mundo calor y energía, extendía sus brazos y la vida brotaba en la Tierra; por lo que era él el dueño de la vida y de la muerte. Su bellísima esposa, la Luna, poseía el conocimiento, la paz y la ternura, y la esparcía amorosamente por el mundo.

Juntos crearon la llanura, el verde pasto, los árboles y las flores entre las que paseaban. También crearon lagunas para bañarse luego de pasear por la llanura. Cuando se cansaron de la soledad, los dioses crearon animales y poblaron la tierra y las aguas.

Viendo la belleza de su creación, decidieron regresar al cielo, pero antes, crearon a los hombres para que cuiden de sus campos y los amaron como hijos suyos que eran. Los hombres se entristecieron al saber que sus padres los dejaban, pero el Sol les dijo:

_ ¡No teman! Esta es su tierra, les prometo enviarles luz y calor todos los días.

Y la Luna agregó:

_ Yo los iluminaré durante la noche, levemente para que puedan descansar.

El tiempo pasó y los hombres vivían felices bajo la celestial protección de sus padres. Con solo mirar al cielo se sentían seguros y ofrecían sus cantos y danzas al Sol y a la Luna, en agradecimiento por los dones recibidos.

Pero un día notaron que el sol comenzaba a palidecer, algo terrible sucedía: de pronto vieron un enorme puma alado que surcaba el cielo atacando al buen Sol. Rápidamente, los hombres tomaron sus flechas para defender a su Padre Sol. Miles de flechas fueron arrojadas desde la Tierra, pero solo conseguían enfurecer más al puma, y no lograban debilitarlo.

Finalmente, un valiente guerrero dio en el blanco y el animal cayó herido por una flecha que le atravesaba el vientre y le salía por el lomo. Quedó tendido a lo lejos, en el medio de la llanura. Era tan grande que los hombres podían verlo y escuchar sus rugidos, pero no se animaron a acercarse.

El Sol, feliz y orgulloso, se fue ocultando, mientras acariciaba con rayos tibios las mejillas de sus amados hijos. Entonces llegó la Luna, vio al puma herido de muerte y, llena de compasión, decidió acabar con su agonía. La diosa comenzó a arrojar piedras al animal para terminar con su vida…y tantas arrojó que finalmente lo cubrieron por completo.

Tantas y tan grandes eran las piedras, que formaron sobre la llanura la actual Sierra de Tandil. La última piedra que la Luna arrojó quedó clavada en la punta de la flecha que había herido al puma y que todavía asomaba entre el montículo de piedras.

Desde entonces, allí quedó sepultado para siempre el espíritu del mal. Sin embargo, cuando el Sol anda por los cielos, el rabioso puma se estremece en su deseo de atacarlo otra vez, y por eso hace mover la piedra suspendida en la punta de la Sierra.

 

 

Ivana Sabelli

Ivana Sabelli

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