A medida que pasan los años, el sistema inmunológico se vuelve más sensible y el organismo responde con mayor dificultad a infecciones alimentarias. Por eso, ciertos alimentos habituales en la cocina no necesariamente son “peligrosos” por sí mismos, pero sí pueden convertirse en un riesgo si no se manipulan, almacenan o cocinan correctamente.
En personas mayores, una intoxicación o infección por parásitos o bacterias puede provocar complicaciones más severas, hospitalizaciones e incluso problemas prolongados de salud. Conocer qué alimentos requieren especial cuidado y cómo tratarlos correctamente es una medida clave para proteger el bienestar diario.
A continuación, se presentan 7 alimentos comunes que requieren una manipulación responsable para reducir riesgos.
1. Carne de cerdo poco cocida
La carne de cerdo puede albergar parásitos microscópicos si no se cocina a la temperatura adecuada. Aunque hoy los controles sanitarios son estrictos, el riesgo aparece cuando:
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queda rosada en el interior
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se cocina de forma desigual
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se manipula junto a otros alimentos sin higiene
Recomendación práctica:
Cocinar siempre hasta que el interior alcance temperatura segura y evitar probar la carne antes de terminar la cocción.
2. Pescado crudo o semicrudo
Preparaciones como sushi, ceviche o pescado apenas sellado pueden contener parásitos naturales del medio marino.
En adultos mayores, el sistema digestivo puede reaccionar con mayor intensidad ante estos microorganismos.
Recomendación práctica:
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Preferir pescado bien cocido
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Si se consume crudo, asegurarse de que haya sido previamente congelado según normas sanitarias
3. Huevos con yema líquida
Los huevos son muy nutritivos, pero cuando se consumen crudos o poco cocidos pueden contener bacterias que afectan con más fuerza a personas mayores.
Situaciones de riesgo:
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mayonesa casera con huevo crudo
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postres con huevo sin cocción
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tortillas con interior líquido
Recomendación práctica:
Cocinar hasta que clara y yema estén firmes.
4. Verduras mal lavadas
Las verduras frescas pueden contener restos de tierra, microorganismos o contaminantes invisibles.
Esto ocurre especialmente en:
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lechuga
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espinaca
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cilantro
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perejil
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verduras de hoja
Recomendación práctica:
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Lavar hoja por hoja
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Enjuagar con abundante agua
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Secar antes de guardar
5. Leche y quesos no pasteurizados
Los productos lácteos sin pasteurizar pueden contener bacterias que en adultos jóvenes suelen causar síntomas leves, pero en personas mayores pueden provocar infecciones más serias.
Recomendación práctica:
Elegir siempre productos pasteurizados y mantener cadena de frío.
6. Carne molida
La carne picada tiene mayor superficie expuesta, lo que facilita la proliferación bacteriana.
Además:
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se contamina más rápido
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no debe consumirse cruda
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necesita cocción completa
Recomendación práctica:
Cocinar hasta que no quede parte roja en el interior.
7. Frutas sin lavar o con cáscara contaminada
Muchas frutas se consumen directamente, pero su superficie puede contener microorganismos provenientes del transporte o almacenamiento.
Esto aplica especialmente a:
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manzanas
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uvas
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duraznos
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peras
Recomendación práctica:
Lavar incluso si se pelarán después.
Por qué los adultos mayores son más vulnerables
Con la edad pueden aparecer:
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menor acidez gástrica
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sistema inmune más lento
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enfermedades crónicas
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tratamientos médicos que reducen defensas
Esto no significa que deban evitar estos alimentos, sino que necesitan mayor control en la manipulación y preparación.
Medidas simples que reducen el riesgo en la cocina
Higiene básica imprescindible
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Lavarse las manos antes de cocinar
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Separar alimentos crudos de los cocidos
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Usar tablas distintas para carne y verduras
Control de temperaturas
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Refrigerar rápidamente los alimentos
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No dejar comida cocida a temperatura ambiente por horas
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Recalentar completamente antes de consumir
Atención al almacenamiento
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Revisar fechas de vencimiento
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Evitar consumir alimentos con olor extraño
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No recongelar productos descongelados
Un enfoque realista para cuidar la salud alimentaria
El objetivo no es generar miedo ni eliminar alimentos de la dieta, sino comprender que algunos requieren una preparación responsable. Con medidas simples de higiene, temperatura adecuada y almacenamiento correcto, estos productos pueden seguir formando parte de una alimentación saludable en la edad adulta.
Mantener hábitos seguros en la cocina no solo protege la salud propia, sino también la de toda la familia.
