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Si alguien te hizo estas 5 preguntas, conviene estar atento: su significado según la tradición cabalística.

Imagina esta escena tan común. Estás en el supermercado, te encuentras con ese vecino que siempre parece saber demasiado de todos, y con una sonrisa amable te pregunta:
“¿Y cómo te está yendo en el trabajo?”

Tú respondes por educación. Das detalles. Hablas de tus proyectos, de tus avances, incluso de tu salario. Lo que no sabes es que, según una antigua enseñanza de la Cábala, cada palabra que revela tu prosperidad sin conciencia puede abrir una pequeña grieta energética.

No se trata de paranoia. Se trata de prudencia.

Desde hace miles de años, la tradición judía habla del “ain hará”, el llamado “mal de ojo” o “ojo que drena”: no como magia ni superstición, sino como una ley espiritual basada en un principio simple:
lo que se expone en exceso se debilita; lo que se resguarda se fortalece.

A continuación, descubrirás las cinco preguntas que, según esta enseñanza, pueden afectar tu campo de bendiciones si las respondes sin protección… y qué decir en su lugar.


Índice

    1. “¿Cómo te está yendo en el trabajo?”

    Parece cortesía. Pero cuando respondes con detalles —proyectos, cifras, planes, ascensos— estás exponiendo lo que la Cábala llama tu “Cli”, tu recipiente espiritual.

    El Cli simboliza tu capacidad de recibir abundancia. Cuando hablas de tu sustento en exceso, especialmente cuando algo aún está consolidándose, puedes debilitar esa estructura.

    Qué responder en lugar de detalles:

    “Gracias a Dios, todo va bien.”
    Y detenerte ahí.

    No es mentir. Es proteger.


    2. “¿Cuáles son tus planes?”

    Esta pregunta parece interesada, incluso motivadora. Pero revelar planes antes de que se concreten es, según el Talmud, como desenterrar una semilla cada día para ver si ya creció.

    Los planes necesitan silencio. Necesitan incubación.

    Cuando compartes demasiado pronto tus metas, dispersas la energía que debería estar concentrada en manifestarlas.

    Respuesta protectora:

    “Voy paso a paso, confiando en Dios.”

    Sin fechas. Sin estrategias. Sin detalles.


    3. “¿Cuánto tienes ahorrado?”

    Esta es una de las más delicadas.

    El dinero ahorrado representa estabilidad, seguridad, raíz. Cuando revelas cuánto tienes, activas comparación, expectativa o incluso solicitudes que pueden alterar relaciones.

    No todas las personas preguntan con mala intención. Pero no todos necesitan saber.

    Respuesta protectora:

    “Estoy construyendo poco a poco, gracias a Dios.”

    Tu estabilidad financiera es un asunto sagrado entre tú y el Creador.


    4. “¿Cómo está tu salud?”

    Parece preocupación sincera. Y muchas veces lo es.

    Pero cuando alguien que no es cercano insiste en tus dolencias, y tú comienzas a describir síntomas, miedos o debilidades, refuerzas esa narrativa con tus propias palabras.

    La tradición enseña que la palabra crea realidad. No significa negar un problema ni evitar al médico. Significa no convertir la enfermedad en identidad.

    Respuesta protectora:

    “Estoy en proceso de restauración, gracias a Dios.”

    Afirmas vida. Afirmas fortaleza.


    5. “¿Cuánto pagaste por eso?”

    Cuando compras algo —un auto, una casa, un celular— y revelas el precio exacto, estás mostrando tu nivel de acceso al flujo de abundancia, lo que en hebreo se llama “Shefá” (flujo divino).

    El problema no es el objeto. Es la comparación que se activa en quien escucha.

    Respuesta protectora:

    “Fue una bendición poder conseguirlo.”

    Sin cifras. Sin explicaciones.


    El principio detrás de todo

    No se trata de desconfiar de todos.
    No se trata de vivir con miedo.

    Se trata de comprender que tus palabras son portales.

    La Cábala enseña que no toda pregunta busca conocerte. Algunas buscan acceso. Y cuando tú eliges responder con conciencia, cierras brechas invisibles que antes abrías sin saberlo.

    Existe una antigua frase hebrea utilizada como declaración de resguardo:

    “Baruj Hashem, ani shomer.”
    (“Bendito sea Dios, yo guardo.”)

    Repetirla con intención cada mañana simboliza el compromiso de cuidar tu boca, tu energía y tus bendiciones.


    Consejos y recomendaciones

    1. Practica la discreción elegante. No necesitas ser brusco para proteger tu información. Aprende a responder con gratitud, pero sin detalles.

    2. Evita anunciar proyectos antes de consolidarlos. Comparte resultados, no intenciones.

    3. No conviertas tus dificultades en discurso constante. Atiéndelas, trátalas, pero no las declares como identidad.

    4. Observa quién pregunta y desde dónde. No toda curiosidad es malicia, pero tampoco toda curiosidad merece respuesta completa.

    5. Recuerda que el silencio también es sabiduría. La prudencia protege más que la exposición.

     

    Tus palabras son energía en movimiento.
    Lo que compartes sin conciencia puede debilitarte.
    Lo que resguardas con sabiduría se fortalece.
    Hablar es poder… pero saber cuándo callar es protección.

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