Por qué Mercedes Sosa tuvo que irse del país en plena carrera

Una de las voces más grandes del folklore latinoamericano tuvo que abandonar la Argentina en uno de los momentos más altos de su carrera. Y la razón no tuvo nada que ver con la música.
El 20 de octubre de 1978, en plena dictadura militar, Mercedes Sosa dio un show en el Almacén San José, en La Plata. Cuando pidió que abrieran las ventanas para que la gente que se había quedado afuera pudiera escuchar el recital, la policía irrumpió con sirenas y detuvo a buena parte del público presente. Las autoridades justificaron el operativo señalando que su repertorio incluía "canciones de protesta".
Poco después, otro recital suyo fue directamente suspendido por orden de las autoridades, esta vez en Pinamar. Ante el hostigamiento constante, Sosa viajó a Tucumán a despedirse de su madre y, en el verano de 1979, partió hacia Madrid, dejando atrás a su hijo de veinte años. El exilio le trajo un fuerte desgaste físico y emocional, con problemas digestivos y de salud que arrastró durante ese tiempo.
Recién en febrero de 1982, tres años después, pudo volver. Su regreso se organizó en secreto: el productor Daniel Grinbank armó el operativo y su hijo, Fabián Matus, negoció directamente con las autoridades militares para conseguir el permiso, en una reunión donde —según se contó después— llegó a haber un arma sobre el escritorio. Del repertorio completo, solo dos canciones quedaron prohíbidas.
Sin esperar una confirmación oficial, se anunciaron once funciones en el Teatro Ópera a partir del 18 de febrero de 1982. La demanda fue tan grande que terminaron siendo trece funciones a sala llena, con la participación de músicos argentinos de primer nivel. Aquel regreso es recordado como uno de los primeros grandes síntomas de que el control cultural de la dictadura empezaba a resquebrajarse.

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