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Las causas del exceso de mucosidad que podrían sorprenderte y qué hacer para reducirla de forma efectiva.

Ese momento incómodo es más común de lo que parece. Estás conversando tranquilamente, tomando un café o pasando tiempo con tu familia, y de repente aparece esa sensación molesta de flema espesa en la garganta. Carraspeas una y otra vez, tomas agua… pero no se va.
En muchos casos ocurre por la mañana: te despertás con la garganta “pegajosa”, intentás toser y el moco parece no moverse.

La mayoría de las personas cree que se trata de una gripe crónica, de problemas pulmonares o simplemente de “cosas de la edad”. Sin embargo, lo que pocos saben es que en más del 80 % de los casos el exceso de flema no tiene nada que ver con los pulmones.

La flema no es el problema en sí. Es una señal de alarma del cuerpo, una respuesta defensiva frente a una agresión interna. La verdadera pregunta es: ¿qué la está provocando?


Índice

    Qué ocurre realmente en tu garganta

    En las vías respiratorias existen millones de pequeños cilios, unas diminutas estructuras que funcionan como una cinta transportadora. Su tarea es mover el moco y las impurezas hacia afuera.
    Con el paso de los años, especialmente después de los 60, estos cilios se vuelven un poco más lentos. Eso es normal.

    El problema aparece cuando el moco se vuelve demasiado espeso o cuando el cuerpo empieza a producirlo en exceso. En esos casos, casi siempre hay una inflamación de fondo. El cuerpo fabrica flema para proteger las mucosas, no para molestarte.


    Causa 1: El reflujo silencioso, el enemigo invisible

    Muchas personas sufren reflujo sin sentir ardor. En lugar de ácido líquido, asciende un vapor microscópico que contiene una enzima digestiva llamada pepsina.
    Esta enzima puede llegar hasta la garganta, el paladar e incluso la nariz, donde queda “dormida”.

    Cuando consumís algo ácido (café, cítricos, gaseosas), esa pepsina se reactiva y comienza a irritar las mucosas. El cuerpo responde produciendo grandes cantidades de flema para defenderse.

    Qué puede ayudar:
    Gárgaras con agua y una pequeña cantidad de bicarbonato pueden neutralizar ese ambiente ácido y reducir la irritación, especialmente por la mañana y antes de dormir.


    Causa 2: Falta de hidratación

    La flema está compuesta en más de un 95 % por agua.
    Cuando el cuerpo está bien hidratado, el moco es fluido y casi imperceptible. Pero con la edad, la sensación de sed disminuye y muchas personas toman menos agua de la necesaria.

    Una deshidratación leve ya puede volver la flema espesa y pegajosa, dificultando su eliminación.

    Hábito clave:
    Beber dos vasos grandes de agua tibia apenas al levantarse, antes de cualquier otra bebida.


    Causa 3: El mito de la leche (proteína A1)

    No siempre es la leche en sí, sino el tipo de proteína que contiene.
    La leche de vaca convencional suele tener una proteína llamada A1 beta-caseína, que en muchas personas genera inflamación intestinal y sistémica.

    Esa inflamación puede manifestarse como exceso de flema en garganta y vías respiratorias.

    Prueba simple:
    Eliminar durante 7 días los lácteos tradicionales y observar si los síntomas mejoran. Algunas personas toleran mejor la leche de cabra, oveja o productos A2.


    Causa 4: Alimentos ricos en histamina

    Quesos curados, embutidos, vino tinto, alimentos fermentados… todos contienen histamina.
    Con la edad, el cuerpo produce menos enzimas para degradarla, lo que puede provocar congestión nasal y flema espesa al día siguiente.

    Estrategia:
    Reducir estos alimentos por la noche y observar si las mañanas se vuelven más despejadas.


    Causa 5: Inflamación silenciosa por exceso de azúcar

    El consumo elevado de azúcar y harinas refinadas alimenta procesos inflamatorios crónicos y altera la flora bucal y respiratoria.
    Esto favorece la producción constante de flema y dificulta su eliminación.

    Una alternativa útil para la noche es una bebida tibia con especias antiinflamatorias como cúrcuma e jengibre, usando bebida vegetal.


    Cuando la flema ya está muy espesa

    Existen sustancias que ayudan a “romper” la estructura del moco, haciéndolo más líquido y fácil de expulsar.
    También ciertos alimentos ricos en compuestos sulfurados, como cebolla, ajo, brócoli o coles, pueden colaborar de forma natural.


    Cuándo consultar al médico sin demora

    La autoayuda tiene límites. Buscá evaluación médica si aparece cualquiera de estos signos:

    • Flema con sangre

    • Pérdida de peso sin explicación

    • Ronquera que dura más de tres semanas

    • Falta de aire incluso con esfuerzos leves


    Consejos y recomendaciones prácticas

    • Hidratate bien desde temprano, todos los días.

    • Evitá comer abundante o ácido antes de acostarte.

    • Observá cómo reaccionás a ciertos alimentos y ajustá tu dieta.

    • Reducí azúcar, alcohol y productos ultraprocesados.

    • Escuchá las señales de tu cuerpo: la flema es un mensaje, no un castigo.

     

    La flema persistente no es algo que debas resignarte a aceptar. En la mayoría de los casos, es una respuesta del cuerpo a irritaciones ocultas que sí pueden corregirse.
    Con pequeños cambios diarios, muchas personas notan alivio en pocos días. Empezar por algo tan simple como tomar más agua puede marcar una gran diferencia.

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