La aloja: la cerveza ancestral santiagueña hecha con algarroba que casi nadie prepara hoy

Mucho antes de que llegaran las bebidas industriales, los santiagueños ya tenían su propia "cerveza": la aloja. Se trata de una bebida fermentada, ancestral, hecha a partir de la algarroba blanca, el fruto del algarrobo, uno de los árboles más representativos del monte chaqueño santiagueño y símbolo de la vida en tierras áridas.
Su preparación es tan simple como antigua: se muelen las vainas de algarroba blanca, se las mezcla con agua y se deja fermentar en recipientes tradicionales, muchas veces usando un poco de sedimento de una aloja anterior para activar la fermentación, como una especie de "madre" que se transmite de generación en generación.
La aloja no está sola: forma parte de una familia de bebidas criollas santiagueñas que incluye la añapa (el jugo simple de algarroba, sin fermentar), la chicha (de maíz fermentado) y el guarapo (agua con miel, típica de los trabajadores rurales), además del arrope, un jarabe espeso de distintos frutos que se usaba incluso como remedio casero.
Hoy, sin embargo, cada vez menos familias siguen preparando aloja de la manera tradicional. Es una bebida que casi no se consigue fuera del campo y que depende, como tantas otras costumbres, de que alguien todavía se tome el trabajo de moler la algarroba y esperar los días necesarios para que fermente. Una tradición que resiste, aunque cada vez con menos manos que la sostengan.

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