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Este sistema permite mantener plantas sin riego durante largos períodos… y por qué generó tanta polémica

En los años 80, un agricultor de los Alpes desafió todo lo que la agronomía convencional daba por sentado. Mientras la mayoría luchaba contra la sequía y las heladas, él apostó por algo que parecía una locura: enterrar grandes cantidades de madera bajo la tierra. Las autoridades lo multaron, sus vecinos se burlaron… y, sin embargo, sus cultivos prosperaron donde otros fracasaban.

El nombre de ese agricultor era Sepp Holzer, y el sistema que defendía terminaría convirtiéndose en una de las técnicas más debatidas de la agricultura natural moderna.


Índice

    El contexto: cuando innovar parecía un delito

    En aquella época, la norma era clara: campos planos, suelos desnudos y riego constante. Holzer hizo exactamente lo contrario. Construyó camellones elevados, enterró troncos y ramas en distintos estados de descomposición y dejó que la naturaleza hiciera el resto.

    El resultado fue tan incómodo para el sistema que recibió multas y advertencias oficiales. Sin embargo, mientras los cultivos vecinos se perdían por el frío o la falta de agua, en su granja crecían frutas, verduras y hasta limones… sin riego artificial.


    El secreto detrás del Hugelkultur (cultivo en camellones)

    El método se conoce como Hugelkultur, una técnica que transforma la madera vieja en un reservorio natural de agua y nutrientes. Su principio es simple, pero poderoso:

    • La madera enterrada actúa como una esponja.

    • Absorbe agua durante lluvias o deshielos.

    • La libera lentamente durante semanas o meses.

    • A medida que se descompone, alimenta el suelo.

    Este sistema puede mantener la humedad del suelo durante años, reduciendo drásticamente la necesidad de riego y mejorando la fertilidad con el tiempo.


    La ciencia de la “esponja viva”

    Un tronco en descomposición puede retener hasta cinco veces su propio peso en agua. A diferencia de un suelo compactado, que pierde humedad rápidamente, un camellón con madera enterrada:

    • Regula la temperatura del suelo.

    • Protege las raíces de heladas.

    • Evita la evaporación excesiva.

    • Fomenta la vida microbiana beneficiosa.

    Por eso, en climas extremos —fríos o secos— este sistema suele superar a la agricultura tradicional.


    El error común: quemar ramas y perder recursos

    Uno de los grandes fallos en huertas y campos es quemar restos de poda. Con ello se pierde:

    • Agua potencial almacenada.

    • Materia orgánica de larga duración.

    • Estructura natural del suelo.

    En el Hugelkultur, esas mismas ramas se convierten en una reserva hídrica y nutritiva que puede durar hasta 20 años.


    La trampa del nitrógeno: el fallo que cometen muchos principiantes

    No todo es enterrar madera sin pensar. Existe un error crítico:

    • La madera fresca consume nitrógeno durante su descomposición.

    • Si no se equilibra con material verde, compost o estiércol, las plantas pueden debilitarse.

    La clave está en combinar capas: madera, restos verdes, suelo fértil y cobertura vegetal. Así, el sistema se vuelve estable y productivo desde el inicio.


    Por qué sigue generando polémica

    Este método cuestiona pilares de la agricultura industrial: riego constante, fertilizantes químicos y control extremo del suelo. Para muchos, aceptar que la naturaleza puede trabajar sola resulta incómodo.

    Pero los resultados están ahí: menos agua, menos trabajo y suelos más vivos.


    Una invitación a cambiar el enfoque

    Dejar de ser esclavo de la manguera no es una utopía. Es una decisión. El Hugelkultur demuestra que, cuando se entiende el funcionamiento natural del suelo, cultivar puede ser más simple, resiliente y sostenible.

    Dejar que la naturaleza trabaje por nosotros no es abandono: es inteligencia aplicada. A continuación, lo podrás visualizar en el siguiente vídeo del canal de Cosecha Oculta:

    https://www.youtube.com/watch?v=e8vbWWMZyXA

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