El pueblo santiagueño que quedó bajo el agua para siempre

Villa Río Hondo tenía casi 400 años de historia y alrededor de 500 habitantes cuando, en 1966, terminó de construirse la represa El Frontal sobre el río Dulce. El pueblo quedó directamente en la zona que iba a inundarse, y sus habitantes tuvieron que dejarlo para siempre.
El Estado expropió 17.000 hectáreas y construyó dos colonias nuevas —una nueva Villa Río Hondo y la localidad de Tinco— para reubicar a las familias. El traslado se hizo el 26 de marzo, en una procesión religiosa que acompañó el éxodo del pueblo viejo hacia el nuevo. Hubo créditos oficiales para levantar viviendas, pero los primeros tiempos fueron duros: muchas familias llegaron a vivir en cobertizos precarios, sin paredes definitivas ni electricidad, mientras se instalaban en su nuevo hogar.
Lo que quedó del pueblo original desapareció bajo el agua del embalse, con una excepción: durante casi 20 años, la cruz de la iglesia vieja permaneció visible sobre la superficie, como el último resto visible de lo que había sido Villa Río Hondo. En 2020, una bajante importante del lago volvió a dejar al descubierto vestigios del pueblo sumergido, y generó una ola de fotos y recuerdos entre quienes todavía tenían memoria del lugar.
El episodio más doloroso ocurrió en el viejo cementerio: varias bóvedas quedaron bajo el agua y algunos cajones fueron arrastrados por la corriente durante la inundación. Todavía hoy, algunos vecinos de la zona cuentan haber visto, en noches muy calmas, una luz fugaz emerger desde las profundidades del embalse, cerca de donde estaba el pueblo. Sea leyenda o no, es la forma que encontró la memoria colectiva de seguir visitando un lugar que, en los mapas, ya no existe.

Deja una respuesta