El lugar de Santiago del Estero que parece sacado de otro planeta

A pocas horas de la capital santiagueña hay un paisaje que parece no pertenecer a esta provincia, ni siquiera a este planeta: un mar blanco que se extiende hasta donde llega la vista, sin un árbol, sin una casa, solo sal y horizonte. Son las Salinas de Ambargasta, uno de los lugares menos conocidos —y más impactantes— de Santiago del Estero.
Las Salinas de Ambargasta cubren una superficie de 4.200 kilómetros cuadrados, compartidos entre el sudoeste de Santiago del Estero (departamentos de Ojo de Agua y Choya) y el norte de Córdoba (departamentos de Tulumba y Sobremonte). Forman parte de la Cuenca Saliniana, un sistema de salares que también incluye a las Salinas Grandes (4.700 km², las más extensas de la región) y a las diminutas Salinas de San Bernardo, de apenas 7,2 km².
Geográficamente, marcan el límite entre el Chaco Austral y las Sierras Pampeanas, en una gran depresión al sur del río Dulce. El resultado visual es un desierto blanco que, dependiendo de la luz del día, puede reflejar el cielo como un espejo o volverse completamente encandilante bajo el sol del mediodía.
A pesar de su tamaño y de lo poco habitual del paisaje, las Salinas de Ambargasta siguen siendo un destino que muy pocos santiagueños visitan y que casi nadie fuera de la provincia conoce. Para quien busca algo distinto a los circuitos turísticos habituales, es uno de esos lugares que parecen demasiado extraños para estar tan cerca de casa.

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