Entre el primer y el tercer año de vida ocurre una de las etapas más intensas y determinantes del desarrollo humano. En este período, los niños no solo aprenden a caminar y hablar: comienzan a construir su identidad, a experimentar emociones complejas y a descubrir el mundo como individuos separados de sus padres.
Acompañar esta etapa con conciencia y sensibilidad puede marcar una diferencia profunda en su seguridad emocional futura. Estas 6 claves te ayudarán a comprender mejor lo que necesitan y cómo brindarles un entorno que favorezca su crecimiento saludable.
1. Validar sus emociones, incluso las más intensas
Entre los 12 y 36 meses, los niños comienzan a experimentar frustración, celos, miedo y enojo con mucha intensidad. Sin embargo, todavía no cuentan con las herramientas cognitivas ni verbales para regular lo que sienten.
Cuando un niño hace una rabieta, no está “manipulando” ni “desafiando” por maldad. Está desbordado.
En lugar de minimizar lo que siente (“no es para tanto”) o etiquetarlo (“eres muy llorón”), es más saludable poner palabras a su emoción:
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“Veo que estás enojado.”
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“Te frustró que se rompiera tu juguete.”
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“Entiendo que querías seguir jugando.”
La validación no significa permitir cualquier conducta, sino reconocer la emoción mientras se marcan límites claros.
2. Establecer límites firmes y amorosos
El desarrollo emocional saludable no implica ausencia de normas. De hecho, los límites brindan seguridad.
Entre el año y los tres años, el niño explora constantemente hasta dónde puede llegar. Necesita adultos coherentes que le indiquen qué es seguro y qué no.
Un límite sano:
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Es claro.
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Es consistente.
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Se explica con pocas palabras.
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Se sostiene con calma.
Por ejemplo:
“Sé que quieres tocar eso, pero no es seguro. Te ayudo a buscar otra cosa.”
La firmeza sin gritos ni humillaciones construye confianza.
3. Favorecer la autonomía progresiva
En esta etapa surge con fuerza el famoso “yo solo”. Aunque muchas veces implique más tiempo o desorden, permitir que el niño intente hacer cosas por sí mismo fortalece su autoestima.
Vestirse, comer con cuchara, recoger juguetes o elegir entre dos opciones sencillas son oportunidades de crecimiento.
La autonomía guiada enseña:
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Confianza en sus capacidades.
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Tolerancia a la frustración.
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Sentido de logro.
Acompañar no significa hacer todo por él, sino estar disponible mientras aprende.
4. Crear rutinas predecibles
Los niños pequeños necesitan estructura. Las rutinas les permiten anticipar lo que viene y reducen la ansiedad.
Horarios relativamente estables para:
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Comer
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Dormir
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Jugar
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Salir
brindan sensación de seguridad.
No se trata de rigidez extrema, sino de coherencia. Un entorno predecible favorece la regulación emocional.
5. Fomentar el vínculo a través del juego
El juego es el lenguaje principal de la infancia. A través del juego simbólico, el niño procesa experiencias, expresa emociones y ensaya roles.
Dedicar momentos de juego sin distracciones (sin teléfono, sin interrupciones) transmite un mensaje poderoso:
“Estoy aquí contigo.”
No se necesitan juguetes costosos. Lo esencial es la presencia emocional del adulto.
6. Cuidar el propio estado emocional del adulto
El desarrollo emocional del niño está profundamente influido por el clima emocional del hogar.
Los niños pequeños son especialmente sensibles al tono de voz, las expresiones faciales y la tensión del entorno.
Un adulto que puede reconocer sus propias emociones, pedir ayuda cuando la necesita y regularse antes de reaccionar ofrece el mejor modelo posible.
No se trata de ser perfectos, sino de ser conscientes.
Comprender para acompañar mejor
Entre el año y los tres años se construyen las bases de la seguridad emocional, la autoestima y la capacidad futura de relacionarse con otros.
Acompañar esta etapa implica:
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Escuchar más que imponer.
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Contener más que castigar.
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Guiar más que controlar.
Cuando un niño se siente comprendido y seguro, desarrolla la confianza necesaria para explorar el mundo sin miedo.
El acompañamiento respetuoso en estos primeros años no solo impacta el presente: siembra las raíces de un adulto emocionalmente más fuerte y equilibrado.
