Semillas de sandía: por qué no conviene tirarlas y cómo aprovecharlas

Rodaja de sandía con semillas negras sobre una tabla de cocina

Cuando comemos sandía lo normal es escupir o apartar las semillas. Sin embargo, esas pepitas negras son comestibles y contienen proteínas, grasas insaturadas y minerales como magnesio, zinc y hierro. Eso sí: conviene prepararlas bien, porque crudas y enteras son duras y casi no se digieren.

Cómo tostar las semillas de sandía paso a paso

  1. Reúne las semillas de la sandía y lávalas bajo el grifo para quitar los restos de pulpa. Escúrrelas bien.
  2. Sécalas con un paño o papel de cocina y déjalas reposar unos minutos para que pierdan la humedad.
  3. Precalienta el horno a unos 160 °C (320 °F).
  4. Mezcla las semillas con una cucharadita de aceite de oliva y una pizca de sal (o canela si las prefieres dulces).
  5. Extiéndelas en una sola capa sobre una bandeja y hornéalas entre 15 y 20 minutos, removiéndolas a la mitad.
  6. Déjalas enfriar: quedarán crujientes. Guárdalas en un frasco hermético.

Cómo comerlas y qué esperar

Puedes añadirlas a ensaladas, yogur, avena o comerlas como botana. También se pueden moler tostadas y agregar el polvo a batidos o masas.

Ten presente que son un alimento nutritivo, no un remedio: aportan minerales y fibra, pero no curan enfermedades. Si las comes en cantidad, recuerda que también aportan calorías.

Precauciones

Consume porciones pequeñas (un puñado) y mastica bien. Si tienes alergias a semillas o problemas digestivos, consulta antes con un profesional.

Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud.

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