Semillas de sandía: por qué no conviene tirarlas y cómo aprovecharlas

Cuando comemos sandía lo normal es escupir o apartar las semillas. Sin embargo, esas pepitas negras son comestibles y contienen proteínas, grasas insaturadas y minerales como magnesio, zinc y hierro. Eso sí: conviene prepararlas bien, porque crudas y enteras son duras y casi no se digieren.
Cómo tostar las semillas de sandía paso a paso
- Reúne las semillas de la sandía y lávalas bajo el grifo para quitar los restos de pulpa. Escúrrelas bien.
- Sécalas con un paño o papel de cocina y déjalas reposar unos minutos para que pierdan la humedad.
- Precalienta el horno a unos 160 °C (320 °F).
- Mezcla las semillas con una cucharadita de aceite de oliva y una pizca de sal (o canela si las prefieres dulces).
- Extiéndelas en una sola capa sobre una bandeja y hornéalas entre 15 y 20 minutos, removiéndolas a la mitad.
- Déjalas enfriar: quedarán crujientes. Guárdalas en un frasco hermético.
Cómo comerlas y qué esperar
Puedes añadirlas a ensaladas, yogur, avena o comerlas como botana. También se pueden moler tostadas y agregar el polvo a batidos o masas.
Ten presente que son un alimento nutritivo, no un remedio: aportan minerales y fibra, pero no curan enfermedades. Si las comes en cantidad, recuerda que también aportan calorías.
Precauciones
Consume porciones pequeñas (un puñado) y mastica bien. Si tienes alergias a semillas o problemas digestivos, consulta antes con un profesional.
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud.
