Encontrado en el sótano de una casa de 1885: qué es este objeto de cobre con forma extraña

Un día cualquiera, alguien baja al sótano de una casa construida en 1885 y encuentra un objeto de cobre con una forma extraña: un disco redondo con tapa calada y un mango larguísimo. No se parece a una sartén ni a una pala, y nadie en la familia sabe para qué servía. La respuesta es sorprendente: es un calentador de cama, el «radiador portátil» de los abuelos de nuestros abuelos.
Qué es un calentador de cama
También conocido como calientacamas o braserillo de cama, es un recipiente de cobre o latón, con tapa perforada y un mango largo de madera, diseñado para llenarse con brasas y pasarse por entre las sábanas antes de acostarse. Los agujeros de la tapa dejaban salir el calor sin que cayeran cenizas sobre la ropa de cama.
Cómo se usaba
- Se colocaban brasas o carbón encendido dentro del recipiente y se cerraba la tapa.
- Se pasaba por debajo de las sábanas y mantas, moviéndolo para repartir el calor y no quemar la tela.
- Se retiraba justo antes de acostarse, con la cama ya tibia.
Por qué tenía ese mango tan largo
El mango permitía llegar hasta los pies de la cama sin quemarse y mantener las brasas lejos de la persona. Por eso suele medir entre uno y dos brazos de largo.
De cuándo es y cómo se reconoce
- Época: estos objetos se usaron en Europa durante siglos y también llegaron a América. Eran habituales en casas con inviernos fríos, hasta que se difundieron las bolsas de agua caliente y la calefacción.
- Materiales: cuerpo de cobre o latón, tapa con orificios decorativos y mango de madera.
- Señas de uso: restos de hollín en el interior y marcas de calor en la tapa.
¿Tiene valor?
Los calentadores de cama antiguos son piezas de colección. Su valor depende del estado, la antigüedad, la decoración y la procedencia. Si encontraste uno, no lo limpies con productos abrasivos: puedes borrar la pátina que lo hace valioso. Lo mejor es consultar con un anticuario o un tasador.
Un recuerdo de otra época
Antes de la calefacción central y las frazadas eléctricas, entrar a una cama helada era parte de la rutina invernal. Este objeto lo demuestra: el ingenio de cada época para sentirse un poco más cómodo.
