Mi médico me advirtió que nunca beba directamente de una lata — y esta es la sorprendente razón.

Todos sabemos que objetos como los celulares o los trapos de cocina pueden acumular bacterias. Pero lo que muchos no consideran es que las latas de gaseosa, esas que ponemos directamente en la boca, pueden no estar tan limpias como parecen. En este artículo, te explicamos los riesgos de contaminación y cómo prevenir problemas con simples precauciones.
Lo que revelaron los estudios: algunas latas contienen bacterias (incluyendo fecales)
Las latas de gaseosa suelen recorrer largas distancias y pasar por muchas manos antes de llegar a tu casa. CBS News realizó una investigación en Estados Unidos sobre la higiene de 20 latas compradas en distintos lugares: restaurantes, máquinas expendedoras, estaciones de servicio, universidades y supermercados.
¿Qué encontraron?
Algunas de las latas analizadas dieron positivo para bacterias potencialmente peligrosas. Una proveniente de un restaurante y otra de una máquina de gaseosas contenían microorganismos capaces de causar infecciones. Lo más alarmante: una lata comprada en una estación de servicio tenía rastros de bacterias fecales.
Los especialistas no se sorprenden
Según Cedric Spak, especialista en enfermedades infecciosas del Baylor University Medical Center en Dallas, estos resultados no son inesperados. Si una persona que manipula las latas no se lava las manos después de ir al baño, el riesgo de contaminación es real.
Además, las ratas y ratones son comunes en fábricas, depósitos y supermercados, y pueden dejar excremento sobre las latas sin que nadie lo note.
No te alarmes, pero tomá recaudos
La buena noticia es que no todos los tipos de bacterias sobreviven en ambientes fríos como la heladera. Y además, nuestro sistema inmunológico está preparado para lidiar con muchos microorganismos presentes en nuestra vida diaria.
Sin embargo, si querés evitar cualquier riesgo innecesario, existen soluciones muy simples.
¿Qué podés hacer para prevenir?
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Enjuagá la parte superior de la lata bajo agua corriente antes de abrirla o tomar directamente.
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Usá un sorbete o pajita, así evitás el contacto directo con la superficie.
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Serví el contenido en un vaso: es la opción más higiénica.
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Mantené las latas refrigeradas para reducir la proliferación de bacterias si están contaminadas.
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Revisá el estado externo: si la lata tiene polvo, suciedad o aspecto sospechoso, evitá consumirla directamente.
Conclusión
Aunque no hay motivos para entrar en pánico, tomar directamente de una lata sin limpiarla puede exponerte a bacterias que no ves. Por suerte, evitar ese riesgo es fácil y rápido. Adoptar pequeños hábitos de higiene al consumir bebidas enlatadas puede ayudarte a proteger tu salud sin dejar de disfrutar lo que te gusta.
