El verdadero origen de la zamba: no nació donde te enseñaron en la escuela

Casi todos los argentinos bailamos la zamba alguna vez: en la escuela, en un acto patrio o en una peña. Pero pocos saben que esta danza, hoy un símbolo folklórico nacional, no nació en la Argentina.
Su origen se remonta a la zamacueca, una danza de pareja suelta e independiente que surgió en el Perú colonial, heredera a su vez del fandango español. La zamacueca era especialmente popular entre las comunidades indígenas y afrodescendientes de Lima, y de sus variantes regionales nacieron formas hermanas como la marinera peruana y la cueca chilena.
El nombre mismo tiene un origen curioso: las coplas que acompañaban el baile solían estar dirigidas a las "zambas", como se llamaba en la época colonial a las mujeres afrodescendientes. De ahí derivó el nombre "zamacueca" y, más tarde, su forma abreviada: "zamba".
La danza llegó al territorio argentino entre 1815 y 1830, por dos caminos distintos: desde Chile, a través de los salones de Mendoza, y desde Lima, atravesando Jujuy, Salta y Tucumán. En cada región fue adoptando características propias hasta criollizarse por completo.
Fue en ese proceso de adaptación local donde apareció uno de los elementos más reconocibles de la zamba actual: el pañuelo, incorporado como parte del juego de coqueteo entre el hombre y la mujer durante el baile. Con el tiempo, el nombre se acortó definitivamente a "zamba", y la danza se afianzó especialmente en las provincias del norte y del oeste, sobre todo en Santiago del Estero, donde sigue teniendo un peso central en la tradición popular hasta el día de hoy.
Así que la próxima vez que veas —o bailes— una zamba, ya sabés: ese pañuelo blanco tiene un viaje de más de 200 años y varios países detrás.

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