El Toro Súpay: la leyenda santiagueña del diablo que cobra el ganado y el alma

Ilustración del Toro Súpay, toro negro con cuernos de oro, leyenda santiagueña

En los montes de la región saladina, sobre el curso del río Saladillo, los puesteros más viejos todavía cuentan la misma historia con distintas voces: la de un toro negro, gigante, con los cuernos de oro, que no anda por ahí por casualidad. Es el Toro Súpay, una de las figuras más temidas del folklore santiagueño, y su leyenda esconde algo mucho más profundo que un simple cuento de miedo de campo.

¿Quién es el Toro Súpay?

En quichua, "súpay" significa directamente diablo, demonio. Y así se lo describe: de estatura descomunal, cabeza a medio camino entre humana y taurina, cuello y nuca cerdosos, cuernos de oro que brillan aún en la noche más cerrada. Echa humo por la nariz y su boca, dicen quienes aseguran haberlo visto, "parece una trompa llena de bramidos".

No es la única forma que toma el Súpay en el imaginario santiagueño —también se lo asocia con remolinos de viento, árboles, o incluso con un gaucho joven y adinerado que nadie sabe bien de dónde sacó su fortuna—, pero la del toro es, sin dudas, la más recordada en la campaña.

Un mito importado que se hizo tierra santiagueña

El origen del Toro Súpay tiene una mezcla curiosa. La creencia del "familiar" —un ente diabólico que hace pactos secretos a cambio de favores— llegó de España con la conquista. Pero el ganado vacuno también fue introducido por los españoles, así que el mito se terminó de moldear acá, sobre la economía ganadera de la región saladina. El resultado fue una figura propia: el diablo que no ofrece oro ni poder, sino algo mucho más concreto para un estanciero santiagueño: hacienda que se multiplica sin explicación.

El pacto y lo que cuesta

La leyenda es siempre la misma en su esencia. Alguien —un puestero, un dueño de campo— hace un trato con el Toro Súpay. A cambio, su hacienda prospera de un modo que ya no se explica por trabajo ni por suerte: el rodeo crece, los terneros nacen sanos, la sequía no parece tocarlo a él. Pero el pacto tiene fecha de vencimiento: el día en que esa persona muere.

Cuentan que, mientras todavía dura el velorio, el Toro Diablo viene a cobrarse lo suyo: el alma del que pactó, y toda la hacienda junto con ella. Al amanecer siguiente, los corrales que la noche anterior estaban llenos, aparecen vacíos.

Una leyenda con nombre y apellido en la historia santiagueña

El Toro Súpay no es solo un cuento de fogón: está documentado por el etnógrafo Adolfo Colombres y también aparece en los escritos de Ricardo Rojas, uno de los intelectuales santiagueños más importantes del siglo XX. Hoy figura entre los mitos y leyendas que la propia Municipalidad de la Capital reconoce como parte del acervo cultural de la provincia.

Quizás por eso sigue vivo: porque no es una leyenda que se cuenta en cualquier parte del país con el nombre de Santiago pegado de casualidad. Nació de la tierra saladina, de sus montes y de su gente, y todavía hoy, cuando algún puestero santiagueño ve prosperar demasiado rápido y sin explicación a un vecino, capaz se le escapa la pregunta: "¿con quién habrá pactado?"

¿Vos habías escuchado la leyenda del Toro Súpay? Contanos en los comentarios si en tu familia se cuenta de otra forma.

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