El Escondido: historia, origen y cómo se baila esta danza folklórica argentina

El Escondido es una antigua danza folklórica argentina de pareja suelta que combina galanteo, zapateo, zarandeo y un particular juego de ocultamiento. Precisamente de este último elemento proviene su nombre: durante la coreografía, uno de los bailarines se “esconde” mientras el otro continúa bailando y representa su búsqueda.

Según la información recopilada por Pedro Berruti en su Manual de Danzas Nativas, El Escondido llegó a bailarse en numerosas provincias argentinas y tuvo presencia tanto en ambientes rurales como en reuniones sociales. Su difusión histórica y la existencia de diferentes maneras de interpretarlo explican también las variantes coreográficas documentadas a lo largo del país.

Una de las fuentes históricas más interesantes recogidas por Berruti es un texto publicado por el músico sanjuanino Arturo Berutti en 1882, donde describe una forma antigua y mucho más teatral de bailar El Escondido.

¿Cuál es el origen de El Escondido?

No puede establecerse con precisión un único lugar o una fecha concreta para el nacimiento de El Escondido.

Berruti lo presenta como una danza que alcanzó una amplia difusión en Argentina. Los testimonios recopilados permiten ubicarla claramente durante el siglo XIX y muestran que no estuvo restringida a una sola provincia.

El propio manual menciona referencias musicales y coreográficas procedentes de diferentes investigadores y recopiladores. Entre ellas aparece la descripción de Arturo Berutti publicada en Buenos Aires en 1882, además de versiones posteriores documentadas por estudiosos como Luis Bonfiglio, Andrés Chazarreta, Juan A. Pérez, Andrés Beltrame y Carlos Vega.

La existencia de diferentes versiones es importante porque muestra que El Escondido fue una danza transmitida y adaptada en distintas regiones, en lugar de permanecer como una coreografía absolutamente uniforme.

El Escondido se bailó en gran parte de la Argentina

De acuerdo con la recopilación histórica presentada por Berruti, El Escondido llegó a bailarse en todas las provincias argentinas.

Su práctica estuvo particularmente relacionada con ambientes rurales desde antes de mediados del siglo XIX hasta las últimas décadas de ese siglo.

Pero no fue exclusivamente una danza campesina.

Berruti también señala que tuvo aceptación en los salones, aunque aparentemente durante períodos más breves. Esto permite comprender la circulación que algunas danzas criollas tuvieron entre diferentes sectores de la sociedad argentina.

Con el paso del tiempo su práctica cotidiana disminuyó, aunque logró conservarse en determinadas regiones y, sobre todo, dentro de la enseñanza de las danzas tradicionales.

¿Por qué se llama El Escondido?

El nombre se explica directamente por su argumento.

Durante determinados momentos de la danza, uno de los bailarines deja de bailar y representa que se encuentra escondido.

Mientras tanto, su compañero continúa ejecutando la coreografía como si intentara encontrarlo.

Después se intercambian los papeles.

Esta alternancia convierte al baile en una especie de juego de búsqueda entre el hombre y la mujer.

Sin embargo, las fuentes históricas muestran que antiguamente el escondimiento podía ser mucho más literal que en las versiones coreográficas actuales.

Antiguamente los bailarines podían esconderse de verdad

Uno de los datos más interesantes recogidos por Berruti es que antiguamente el bailarín podía abandonar realmente el espacio de baile.

En lugar de permanecer en un rincón representando el escondimiento, podía retirarse mientras su compañero continuaba bailando.

Al terminar el período correspondiente, quien había quedado solo debía buscar al bailarín escondido para poder continuar.

La situación generaba naturalmente expectativa entre los presentes y convertía la danza en una pequeña representación.

En otras ocasiones, según la descripción recopilada por Berruti, el juego podía desarrollarse de manera todavía más teatral: la música podía detenerse mientras el compañero buscaba a quien se había escondido y continuar una vez producido el reencuentro.

Esto demuestra que El Escondido no era solamente una sucesión de pasos. El componente lúdico formaba parte esencial de la diversión.

La descripción de Arturo Berutti de 1882

Pedro Berruti reproduce y comenta en su manual un antiguo artículo del músico sanjuanino Arturo Berutti, publicado en 1882 en la revista Mefistófeles, de Buenos Aires.

La descripción resulta especialmente valiosa porque muestra una versión mucho menos rígida que la utilizada actualmente para la enseñanza.

En aquella forma de bailar, uno de los participantes podía desaparecer mientras su compañero continuaba danzando. Quien quedaba solo comenzaba entonces una búsqueda por el salón.

El resto de los presentes podía participar indirectamente del juego, ayudando o dificultando la búsqueda.

Cuando finalmente aparecía el compañero escondido, la pareja volvía a reunirse y continuaba el baile.

Después llegaba el turno del otro integrante.

La descripción de Berutti muestra así una danza con un importante componente de improvisación, humor y participación social.

Un juego que podía involucrar a otros bailarines

La versión histórica relatada por Arturo Berutti incluía situaciones que iban más allá de la pareja original.

Mientras uno de los bailarines buscaba al compañero desaparecido, otras parejas podían continuar bailando e incluso participar de la escena.

Esto generaba una situación mucho más espontánea que la coreografía que actualmente suele enseñarse en academias.

El objetivo no era únicamente ejecutar correctamente determinados movimientos.

También existía un componente de entretenimiento colectivo.

Esta característica ayuda a comprender cómo una danza podía funcionar simultáneamente como baile, juego y espectáculo dentro de una reunión social.

Incluso podía utilizarse para elegir pareja

La descripción de Arturo Berutti recoge otra variante especialmente curiosa.

En determinadas ocasiones, quien se escondía podía no regresar con su compañero original y elegir a otra persona para continuar el baile.

De esa manera, El Escondido podía transformarse también en una forma de cambiar de pareja durante la reunión.

Naturalmente, esto dependía del contexto y de la manera particular en que se estuviera desarrollando el juego.

El testimonio resulta interesante porque muestra hasta qué punto la versión antigua podía ser flexible.

La coreografía actual conserva principalmente el elemento simbólico del escondimiento, pero detrás de esa figura existió aparentemente una práctica social mucho más espontánea.

Clasificación de El Escondido

Berruti clasifica El Escondido como una danza de galanteo, de pareja suelta e independiente y de movimiento vivo.

La pareja es suelta porque el hombre y la mujer no permanecen enlazados durante toda la ejecución.

Es independiente porque cada pareja desarrolla su propio juego coreográfico sin necesitar coordinar sus figuras con un conjunto completo de bailarines.

Y posee carácter de galanteo porque el argumento representa un cortejo.

El hombre busca a la mujer y la mujer busca posteriormente al hombre.

Los acercamientos, las esquinas, las vueltas y los escondimientos representan de manera simbólica esa relación.

El juego amoroso dentro de la danza

Berruti interpreta el desarrollo coreográfico como una representación del cortejo.

El caballero intenta conquistar a la dama y ambos se desplazan mediante esquinas y vueltas, acercándose y alejándose.

Los escondimientos introducen una dificultad dentro de ese juego.

Cuando uno desaparece, el otro debe buscarlo.

Finalmente, la danza conduce nuevamente a ambos hacia el encuentro y la coronación.

El Escondido puede entenderse así como una pequeña historia representada mediante movimientos.

Posición inicial

La coreografía tradicional se ejecuta con una pareja.

Los bailarines comienzan firmes y enfrentados en esquina, utilizando la denominada segunda colocación.

Se baila con castañetas realizadas con los dedos y utilizando el paso criollo común asociado al Gato.

La primera parte comienza después de una introducción musical de ocho compases.

Coreografía de El Escondido paso a paso

La primera parte documentada por Berruti presenta la siguiente estructura:

  1. Cuatro esquinas: 16 compases.
  2. Vuelta entera: 8 compases.
  3. Zapateo del hombre mientras la dama se esconde: 8 compases.
  4. Vuelta entera: 8 compases.
  5. Zarandeo de la dama mientras el hombre se esconde: 8 compases.
  6. Media vuelta: 4 compases.
  7. Giro final: 4 compases.

La segunda parte es semejante a la primera, pero comienza desde los lugares opuestos. Además, se invierte el orden de los escondimientos: primero se esconde el hombre y posteriormente la mujer.

Las cuatro esquinas

La danza comienza con cuatro esquinas, realizadas hacia la izquierda y acompañadas por castañetas.

Cada esquina ocupa cuatro compases.

Los bailarines avanzan hacia el compañero, realizan el movimiento correspondiente y continúan hacia la siguiente posición.

Berruti describe pequeños giros y balanceos incorporados al desplazamiento.

Al finalizar las cuatro esquinas se completa una especie de recorrido alrededor del espacio de baile.

Según algunas variantes regionales documentadas por el mismo autor, las esquinas también podían realizarse hacia la derecha.

Vuelta entera

Después de las cuatro esquinas comienza una vuelta entera de ocho compases.

Los bailarines recorren simultáneamente el espacio utilizando castañetas.

En la versión detallada por Berruti, los primeros seis compases corresponden fundamentalmente al recorrido de la vuelta y los últimos permiten completar el movimiento necesario para alcanzar la posición siguiente.

La figura prepara el primer escondimiento.

La dama se esconde y el hombre zapatea

Al terminar la vuelta, la mujer adopta la posición correspondiente al escondimiento.

El hombre realiza entonces ocho compases de zapateo.

Mientras zapatea, puede acompañar la interpretación con movimientos que sugieran que está intentando encontrar a su compañera.

Berruti incluso menciona una expresión rítmica tradicional asociada al momento de la búsqueda.

La mujer, mientras permanece escondida, acompaña mediante palmas y observa al bailarín.

Esta combinación entre zapateo y pantomima es una de las características fundamentales de El Escondido.

Segunda vuelta entera

Finalizado el zapateo, ambos vuelven a incorporarse al movimiento conjunto.

Realizan nuevamente una vuelta entera de ocho compases.

Al terminar esta figura se prepara el segundo escondimiento.

Esta vez los papeles se invierten.

El hombre se esconde y la dama zarandea

Ahora es el hombre quien adopta la posición de escondido.

La mujer realiza durante ocho compases su zarandeo.

El argumento continúa siendo el mismo: ella baila mientras simula buscar al compañero que ha desaparecido.

El hombre acompaña mediante palmas.

De esta manera, los dos integrantes tienen su momento de protagonismo individual dentro de la coreografía.

Media vuelta y giro final

Después de los escondimientos, los bailarines vuelven a encontrarse.

Realizan una media vuelta de cuatro compases, nuevamente acompañada por castañetas.

A continuación ejecutan un giro final de cuatro compases.

La danza culmina con la coronación.

El reencuentro final completa simbólicamente el argumento desarrollado durante todo el baile.

¿Cómo es la segunda parte?

La segunda parte mantiene las figuras principales de la primera.

Los bailarines comienzan desde los lugares opuestos.

La diferencia fundamental se encuentra en el orden de los escondimientos.

En esta oportunidad el hombre se esconde primero y posteriormente lo hace la mujer.

La inversión permite que ambos bailarines desarrollen las distintas funciones dentro del juego coreográfico.

¿Cómo debe colocarse el bailarín escondido?

Berruti también registra diferentes maneras de representar al bailarín escondido.

No existe necesariamente una única posición.

Puede permanecer de pie y apartado, pero también puede adoptar una postura más baja, incluso arrodillándose o inclinándose.

Otra posibilidad consiste en taparse parcialmente el rostro con una mano mientras se mantiene apoyado.

La intención es transmitir al público que ese integrante se encuentra momentáneamente fuera de la acción principal.

La postura elegida puede variar siempre que conserve claramente esa idea.

¿Dónde debe esconderse?

La ubicación tampoco fue siempre idéntica.

Cuando se parte de la posición inicial tradicional, el escondido puede colocarse en una esquina alejada del público.

También puede apartarse ligeramente del espacio principal.

Lo importante es conservar el sentido teatral de la figura sin interferir con los movimientos del compañero.

¿El escondido debe acompañar con palmas?

Berruti registra que existen distintas opiniones sobre este detalle.

En algunas formas, el bailarín escondido acompaña mediante palmas.

En otras interpretaciones se considera más apropiado permanecer inmóvil y silencioso para reforzar la sensación de que realmente ha desaparecido de la escena.

Ambas posibilidades forman parte de las variantes documentadas.

Variantes regionales de El Escondido

La amplia difusión geográfica de la danza produjo distintas maneras de ejecutarla.

Berruti documenta, entre otras diferencias, la realización de las esquinas hacia la derecha en determinadas provincias.

También registra variantes en las que las vueltas no terminan exactamente de la misma manera.

En algunas formas regionales puede eliminarse el giro final de la vuelta.

El autor menciona además una interpretación observada en Cafayate, Salta, en 1954, donde las esquinas se realizaban hacia la derecha y, después de la media vuelta final, los hombres zapateaban mientras las mujeres realizaban zarandeos.

Estos ejemplos muestran que El Escondido no tuvo históricamente una única forma absolutamente invariable.

El Escondido como pantomima

Uno de los aspectos más interesantes de la clasificación de Berruti es su carácter de pantomima del escondimiento.

El bailarín no solamente ejecuta pasos.

También interpreta una situación.

Quien permanece bailando debe hacer creíble que está buscando al compañero.

Quien se esconde debe adoptar una actitud coherente con la escena.

Esto convierte a El Escondido en una danza particularmente expresiva.

La técnica continúa siendo importante, pero debe estar acompañada por actuación, miradas y gestos.

El zapateo y el zarandeo forman parte de la historia

El zapateo masculino y el zarandeo femenino no aparecen simplemente como exhibiciones individuales.

Dentro del argumento cumplen una función concreta.

El hombre zapatea mientras busca a la mujer escondida.

Después la mujer zarandea mientras intenta encontrar al hombre.

Así, dos figuras muy características de las danzas criollas quedan integradas dentro de una narración.

Esta unión entre técnica y representación es una de las particularidades más atractivas de El Escondido.

Una danza que fue cambiando con el tiempo

La comparación entre las descripciones antiguas y la coreografía actualmente sistematizada permite observar una evolución interesante.

En las versiones más antiguas, el escondimiento podía ser realmente una desaparición del bailarín y la búsqueda podía extenderse por el salón.

Incluso otras personas podían intervenir.

En la versión coreográfica posteriormente difundida para la enseñanza, todo ese juego fue organizado dentro de tiempos y figuras determinados.

El escondimiento pasó a representarse simbólicamente y cada sección recibió una duración concreta.

De esta manera fue posible conservar el argumento original dentro de una estructura adecuada para su enseñanza.

El valor histórico del relato de Arturo Berutti

El texto publicado por Arturo Berutti en 1882 resulta especialmente valioso porque permite observar El Escondido antes de su posterior sistematización pedagógica.

Su relato muestra una danza integrada a la vida social.

Había improvisación, humor, participación de los presentes y libertad para desarrollar el juego.

Esto no significa que todas las regiones o todas las épocas lo bailaran exactamente de esa manera.

Precisamente las distintas fuentes demuestran la existencia de variantes.

Pero el testimonio permite comprender mejor de dónde proviene la peculiar figura que hoy llamamos “escondimiento”.

Una de las danzas más particulares del folklore argentino

El Escondido reúne numerosos elementos característicos de las danzas tradicionales argentinas: castañetas, esquinas, vueltas, zapateo, zarandeo, media vuelta, giro y coronación.

Pero su verdadera identidad aparece en el juego desarrollado entre los bailarines.

Uno se esconde.

El otro lo busca.

Después intercambian los papeles.

Finalmente vuelven a encontrarse.

Detrás de esa estructura aparentemente sencilla existe además una historia de transmisión popular y numerosas variantes regionales.

Las recopilaciones de Pedro Berruti y el antiguo testimonio de Arturo Berutti permiten comprender que la versión coreográfica que conocemos actualmente conserva la esencia de un juego que antiguamente podía ser mucho más libre, espontáneo y teatral.

Por eso El Escondido no es solamente una sucesión de pasos: es también una pequeña representación de galanteo, búsqueda, picardía y reencuentro.

Fuentes consultadas

  • Berruti, Pedro. Manual de Danzas Nativas. Editorial Escolar, Buenos Aires. Fuente principal para la historia, clasificación, variantes y descripción coreográfica de El Escondido. Se utilizaron especialmente las páginas del manual proporcionadas para la elaboración de este artículo.
  • Berutti, Arturo. Artículo sobre “El Escondido”, publicado en la revista Mefistófeles, Buenos Aires, agosto de 1882. Fragmento reproducido por Pedro Berruti en su Manual de Danzas Nativas.
  • Biblioteca Nacional de Maestros – Colecciones digitales:
    https://www.bnm.me.gov.ar/
  • Educ.ar – Portal educativo nacional:
    https://www.educ.ar/
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