Cómo cuidar la Mandevilla: 5 claves para que crezca fuerte y florezca abundantemente

La Mandevilla es una de esas plantas que vemos en la floristería y compramos sin pensarlo mucho. Sus flores son grandes y vistosas, disponibles en tonos rosa, rojo, blanco, amarillo y bicolor, con una textura sedosa que parece irreal. Llega a casa hermosa, llena de botones, pero muchas veces, al poco tiempo, las hojas comienzan a amarillear, los botones dejan de aparecer, la planta pierde vitalidad y aparecen plagas. El motivo es simple: la Mandevilla tiene necesidades específicas que marcan la diferencia entre una planta que florece sin parar y otra que apenas sobrevive.
Conociendo a la Mandevilla
La Mandevilla, del género Mandevilla, es una trepadora de origen tropical y subtropical de América del Sur y Central. Existe una gran variedad de especies e híbridos: hay ejemplares de porte compacto, con flores más pequeñas, ideales para macetas pequeñas o cultivo colgante; y variedades de mayor porte, con flores grandes y crecimiento vigoroso, perfectas para pérgolas, celosías, paneles, rejas y muros.
En maceta siempre va mejor cuando cuenta con un soporte para trepar: una celosía pequeña, una escalera de jardín, un arco de bambú o alambre, o un obelisco decorativo. Su instinto es subir, enroscarse y fijarse. Cuando tiene ese soporte, crece organizada y florece con mucho más vigor que cuando queda suelta. También puede cultivarse en cestas colgantes, pero exige mayor atención con el riego y protección frente al exceso de sol directo, que seca el sustrato rápidamente.
1. Ambiente y luz
Este es el cuidado que más impacta el resultado del cultivo. La Mandevilla necesita de 4 a 6 horas de luz solar por día para florecer bien. Con menos luz crece, pero la floración es tímida, con pocos botones y flores más pequeñas. La luz es directamente proporcional a la floración.
En regiones de sol intenso y calor muy fuerte, el sol directo de la tarde puede ser demasiado pesado. En esos casos, el sol de la mañana combinado con semisombra en el período más caliente del día suele traer mejores resultados. En regiones templadas o durante el invierno, la planta se beneficia de más horas de sol directo; conviene evitar lugares que pierden el sol al inicio de la mañana o de la tarde.
El ambiente debe ser externo o muy bien ventilado. No es una planta de interior cerrado, porque necesita circulación de aire para mantenerse saludable y resistente a plagas. Un balcón cubierto abierto, un jardín externo o un patio con buena exposición son los mejores lugares.
2. Suelo adecuado
La Mandevilla requiere un suelo ligero, bien drenado y rico en materia orgánica. La tierra vegetal de calidad y suelta es la base ideal. No se adapta a suelos pesados, arcillosos o que se compactan tras el riego, porque retienen agua en exceso alrededor de las raíces y favorecen la pudrición. Las raíces necesitan aire entre ellas.
Para el cultivo en el jardín, incorpora compuesto orgánico bien curado y humus de lombriz, y añade arena gruesa o perlita si el suelo es muy arcilloso. Para maceta, mezcla sustrato comercial de calidad con humus de lombriz y perlita. La maceta debe tener orificios de drenaje eficientes.
3. Riego correcto
Aquí ocurren dos errores comunes: regar de más y regar de menos. Ambos perjudican, pero el exceso es lo que mata con más frecuencia, porque los síntomas tardan en aparecer y, cuando lo hacen, el daño en las raíces ya está avanzado.
En el suelo del jardín, el riego puede ser más espaciado. En días cálidos, cada dos o tres días suele bastar; en días frescos o lluviosos, el intervalo puede ser mayor. En maceta, el sustrato se seca más rápido y puede requerir riego diario en días muy calurosos. Lo importante no es el calendario, sino el estado del sustrato. Dos métodos simples ayudan:
- Prueba del dedo: introduce el dedo 2 cm en el sustrato. Si está húmedo, espera; si está seco, riega.
- Prueba del palillo: inserta un palillo de madera y retíralo. Si sale limpio y seco, riega; si sale con tierra húmeda pegada, espera un día más.
El riego debe hacerse siempre en la base de la planta, humedeciendo el sustrato por completo hasta que escurra por los orificios, no solo con una rociada superficial.
4. Abonado
El abonado determinará si tu Mandevilla estará verde pero sin flores o florida durante toda la temporada activa. Hay dos fases:
- Fase de desarrollo: cuando la planta crece, establece ramas o se recupera de estrés, funcionan mejor los abonos equilibrados como el NPK 10-10 mineral o abonos orgánicos como humus de lombriz y estiércol bien curado.
- Fase de floración: el fósforo es el nutriente central para prolongar la floración lo máximo posible.
Con estos cuidados sobre ambiente, luz, suelo, riego y abonado, la Mandevilla se muestra como una planta generosa con quien la cuida de la forma correcta, ofreciendo una floración vistosa y prolongada.

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