5 formas sencillas de comprobar si los huevos están frescos (la número 3 sorprende a casi todos)

Vaso transparente con agua y huevos, uno hundido en el fondo y otro flotando, con un círculo rojo marcando el que flota

Abres la refrigerador, ves media docena de huevos y no recuerdas cuándo los compraste. ¿Siguen frescos? No hace falta fiarse del instinto ni tirar comida por si acaso: existen pruebas muy sencillas, que puedes hacer con lo que hay en tu cocina, para saber en qué estado están. Estas son cinco, de la más rápida a la más curiosa.

1. La prueba del agua

Llena un vaso alto o un recipiente con agua fría y sumerge el huevo con cuidado. A medida que pasan los días, la cáscara (que es porosa) pierde humedad y la cámara de aire del interior crece. Por eso:

  • Se hunde y queda tumbado: es muy fresco.
  • Se hunde, pero se queda de pie, con la parte ancha hacia arriba: tiene unas semanas; aún puede consumirse, preferiblemente cocido.
  • Flota: la cámara de aire es grande y el huevo es viejo. Lo más prudente es no comerlo, o ábrelo aparte para comprobar su olor antes de decidir.

2. Rómpelo sobre un plato plano

Casca el huevo sobre un plato llano y observa:

  • Huevo fresco: la yema es alta y redonda, la clara espesa se queda pegada a la yema y apenas se extiende.
  • Huevo viejo: la yema se ve achatada y la clara es acuosa y se expande por todo el plato.

Un huevo así no tiene por qué estar en mal estado, pero ya no es el mejor para freír o escalfar.

3. Cuando lo cueces… ¡cuesta pelarlo!

Esta es la prueba que sorprende a casi todo el mundo, incluso a quienes cocinan a diario: los huevos muy frescos son los más difíciles de pelar una vez cocidos. La razón es que, cuando el huevo es reciente, la clara es más ácida y se adhiere con fuerza a la membrana de la cáscara. Con los días, el pH sube y la clara se separa con más facilidad.

Por eso, si quieres huevos cocidos que se pelen sin sufrir, lo mejor es usar los que llevan una semana o más en la refrigerador. Y si un huevo duro se pela tan fácilmente que la cáscara casi sale sola, no es mala señal: significa que ya no es un huevo recién puesto, nada más.

4. Mira el huevo a contraluz

En una habitación oscura, apoya la parte ancha del huevo sobre la luz de una linterna (o la del celular). Se verá el interior:

  • Una cámara de aire pequeña indica un huevo fresco.
  • Una cámara de aire grande, un huevo más viejo.
  • Manchas oscuras o un interior turbio son motivo para descartarlo.

5. El olfato y la fecha

Es la prueba definitiva. Casca el huevo en un recipiente aparte: si huele a azufre o a podrido, deséchalo, sin importar lo que haya marcado el resto de pruebas. Un huevo en buen estado no tiene olor fuerte. Comprueba también la fecha de consumo preferente del envase: guardados en el refrigerador, los huevos suelen mantenerse en buenas condiciones entre tres y cinco semanas.

Consejos para conservarlos mejor

  • Guárdalos en el refrigerador, con la parte puntiaguda hacia abajo y dentro de su caja, no en la puerta, donde la temperatura cambia con cada apertura.
  • No los laves antes de guardarlos: la cáscara tiene una capa protectora natural.
  • Descarta los que tengan la cáscara rota o sucia de forma evidente.
  • Cocina siempre bien los huevos si tienes dudas sobre su frescura y lávate las manos después de manipularlos, para evitar el riesgo de salmonela.

Con estas cinco pruebas, no tendrás que adivinar. Y recuerda la tercera: a veces, un huevo difícil de pelar es el mejor indicio de que está recién comprado.

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