El tercer número de la presión arterial que pocos conocen y que puede revelar riesgos para el corazón y los riñones

Cuando nos medimos la presión arterial, generalmente prestamos atención a dos números: la presión máxima y la mínima. Sin embargo, existe un tercer valor que muchas personas desconocen y que puede aportar información importante sobre la salud de nuestras arterias.
Se llama presión de pulso y se obtiene mediante una resta muy sencilla.
Según explica el médico especialista en medicina interna y nefrología del video que inspira este artículo, una diferencia demasiado grande entre la presión máxima y la mínima puede relacionarse con una mayor rigidez arterial, especialmente en adultos mayores.
Conocer este valor puede ayudarnos a comprender mejor nuestras mediciones y saber cuándo conviene consultar con un profesional.
¿Qué significan los dos números de la presión arterial?
Cada vez que el corazón late, impulsa sangre hacia las arterias. Esa fuerza genera una presión que cambia durante el ciclo cardíaco.
Por eso, cuando utilizamos un tensiómetro aparecen dos valores.
Presión sistólica o máxima: es el número más alto y representa la presión que ejerce la sangre sobre las arterias cuando el corazón se contrae.
Presión diastólica o mínima: es el número más bajo y representa la presión que permanece en las arterias mientras el corazón se relaja entre latidos.
Por ejemplo, una medición de 120/80 mmHg significa que la presión sistólica es de 120 y la diastólica es de 80.
Pero estos dos números permiten calcular un tercer dato.
¿Qué es la presión de pulso y cómo se calcula?
La presión de pulso es la diferencia entre la presión sistólica y la diastólica.
La fórmula es muy sencilla:
Presión de pulso = presión máxima − presión mínima
Por ejemplo, si tu tensiómetro marca 120/80:
120 − 80 = 40 mmHg.
En este caso, la presión de pulso es de 40.
Este valor puede aportar información sobre cómo responden las arterias a cada latido del corazón.
Cuando las arterias son flexibles, pueden expandirse y amortiguar parte de la fuerza con la que circula la sangre.
Pero cuando pierden elasticidad, la diferencia entre la presión máxima y la mínima puede aumentar.
El ejemplo que demuestra por qué este número es importante
Imagina dos personas que se realizan un control médico.
La primera tiene una presión arterial de 115/55 mmHg.
La segunda presenta 125/80 mmHg.
A simple vista, alguien podría pensar que la primera tiene una presión más saludable porque ambos números son menores.
Sin embargo, al calcular la presión de pulso encontramos una diferencia importante.
- Primera persona: 115 − 55 = 60 mmHg.
- Segunda persona: 125 − 80 = 45 mmHg.
La primera tiene una presión de pulso más amplia.
Esto puede ser una señal de mayor rigidez arterial, particularmente en personas de edad avanzada.
No obstante, una sola medición no permite determinar quién tiene mayor riesgo cardiovascular. También deben considerarse la edad, los antecedentes médicos y los valores completos de presión arterial.
¿Qué valores de presión de pulso deberían llamar nuestra atención?
En el video se explican algunos valores orientativos que ayudan a comprender este indicador.
Entre 30 y 40 mmHg: es una diferencia frecuente en adultos sanos.
Alrededor de 50 mmHg: puede justificar una observación más cuidadosa, especialmente en personas mayores.
60 mmHg o más: cuando aparece de manera persistente, puede asociarse con mayor rigidez arterial y riesgo cardiovascular.
70 mmHg o más: una diferencia tan amplia merece una evaluación médica, especialmente si se repite o existen otros factores de riesgo.
Es importante aclarar que estos números no son límites diagnósticos universales.
La presión de pulso cambia con la edad y las condiciones de salud. Tampoco significa que cuanto menor sea la diferencia, mejor.
Una presión de pulso excesivamente estrecha también puede requerir atención, sobre todo si aparece acompañada de mareos, debilidad o desmayos.
¿Por qué una presión de pulso elevada puede afectar al corazón?
Con el envejecimiento, las arterias pueden perder parte de su elasticidad natural.
Cuando esto sucede, el corazón puede necesitar trabajar contra una presión más elevada para impulsar la sangre.
Si esta situación persiste durante años, puede favorecer cambios en el músculo cardíaco, como el engrosamiento del ventrículo izquierdo.
Además, una presión diastólica demasiado baja puede dificultar el aporte de sangre al músculo cardíaco en determinadas personas, especialmente cuando ya existen enfermedades coronarias.
Diversos estudios han encontrado asociaciones entre una presión de pulso elevada y un mayor riesgo de problemas cardiovasculares.
Sin embargo, esto no significa que una diferencia de 60 mmHg provoque automáticamente un infarto.
El riesgo depende de múltiples factores.
¿También puede afectar al cerebro y los riñones?
El cerebro y los riñones contienen numerosos vasos sanguíneos pequeños y delicados.
Las arterias grandes normalmente ayudan a amortiguar las variaciones de presión producidas por los latidos del corazón.
Cuando se vuelven más rígidas, una mayor parte de esas pulsaciones puede transmitirse hacia los vasos más pequeños.
Este fenómeno se ha relacionado con alteraciones de la circulación cerebral y daño renal.
La hipertensión arterial sostenida también es un factor de riesgo importante para accidentes cerebrovasculares, enfermedades cardíacas y problemas renales.
Por eso, controlar la presión no consiste únicamente en observar una cifra aislada, sino en evaluar la salud cardiovascular en conjunto.
¿Qué provoca que las arterias pierdan elasticidad?
La rigidez arterial puede aumentar naturalmente con la edad, pero existen factores que pueden acelerar este proceso.
Entre los principales se encuentran:
- Hipertensión arterial mal controlada.
- Diabetes y niveles elevados de glucosa.
- Tabaquismo.
- Colesterol elevado y enfermedad vascular.
- Sedentarismo.
- Alimentación con exceso de sodio.
- Enfermedad renal crónica.
La buena noticia es que muchos de estos factores pueden prevenirse o controlarse mediante hábitos saludables y atención médica.
Cómo cuidar las arterias y mantener una presión saludable
1. Mejorar la alimentación
Reducir el consumo excesivo de sal y alimentos ultraprocesados puede ayudar a controlar la presión arterial.
Conviene priorizar verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y fuentes saludables de proteínas.
En el video también se mencionan bebidas como el jugo de remolacha y la infusión de hibisco, que han sido estudiadas por sus posibles efectos modestos sobre la presión.
Sin embargo, no sustituyen los medicamentos ni garantizan una mejoría de la rigidez arterial.
2. Realizar actividad física regularmente
Caminar, nadar, bailar o realizar ejercicios de fuerza adaptados a la condición física puede contribuir a mejorar la salud cardiovascular.
Una opción sencilla es comenzar caminando entre 10 y 15 minutos diarios y aumentar progresivamente el tiempo según la tolerancia.
También pueden realizarse ejercicios como levantarse y sentarse de una silla firme, siempre que sea seguro.
La constancia resulta más importante que realizar esfuerzos intensos de manera ocasional.
3. Controlar los factores de riesgo
Mantener bajo control la glucosa, el colesterol y la presión arterial es fundamental.
También es importante evitar el tabaco y realizar los controles médicos recomendados.
No deben tomarse suplementos de calcio, vitamina D, vitamina K o magnesio con la intención de mejorar las arterias sin una indicación profesional.
4. No abandonar los medicamentos
En algunas personas, los cambios de alimentación y la actividad física no son suficientes para controlar la hipertensión.
En esos casos, el médico puede indicar medicamentos como losartán, enalapril o amlodipino, entre otros.
Nunca se debe suspender o modificar un tratamiento para la presión arterial sin consultar al profesional que lo indicó.
Cómo medir correctamente la presión arterial en casa
Para obtener resultados más confiables, conviene seguir algunas recomendaciones:
- Descansa sentado durante al menos cinco minutos antes de medirla.
- Evita fumar, realizar ejercicio o consumir cafeína durante los 30 minutos anteriores.
- Utiliza un tensiómetro de brazo validado y un brazalete del tamaño adecuado.
- Mantén la espalda apoyada, los pies sobre el suelo y el brazo a la altura del corazón.
- Realiza dos mediciones separadas por un minuto y registra los resultados.
Si observas valores repetidamente elevados o una presión de pulso persistentemente amplia, consulta con tu médico para una evaluación.
Si la presión supera los 180/120 mmHg, repite la medición después de un minuto y busca orientación médica inmediata si continúa en ese rango. Si además presentas dolor de pecho, falta de aire, debilidad repentina, dificultad para hablar o alteraciones de la visión, solicita atención de emergencia.
Un pequeño cálculo que puede aportar información importante
La próxima vez que te midas la presión arterial, observa los dos números que aparecen en el tensiómetro.
Resta la mínima de la máxima y conocerás tu presión de pulso.
Aunque este valor no reemplaza una evaluación médica, puede ser una herramienta adicional para comprender la salud de tus arterias.
Lo más importante no es conseguir una cifra perfecta, sino mantener la presión arterial bien controlada, adoptar hábitos saludables y realizar controles periódicos.
Cuidar el corazón, el cerebro y los riñones comienza con decisiones sencillas que podemos tomar cada día.
Fuente: Video de YouTube «Cardiólogo advierte: ¡Este número de presión arterial causa infarto, ACV y daño renal!», presentado por el Dr. Veller.
https://www.youtube.com/watch?v=Z-bPk1Fsjbw
Nota: Artículo divulgativo adaptado del contenido del video. Las explicaciones sobre presión de pulso, rigidez arterial y riesgos cardiovasculares se presentan con fines informativos. Una presión de pulso elevada puede asociarse con determinados riesgos, pero no permite diagnosticar por sí sola una enfermedad. Este contenido no sustituye la consulta médica.
