Antes de ser una leyenda del folklore, Atahualpa Yupanqui estuvo preso y fue torturado por sus ideas políticas

Hoy se lo recuerda como una de las voces más importantes del folklore argentino, pero antes de convertirse en leyenda, Héctor Roberto Chavero —Atahualpa Yupanqui— vivió años de militancia política, persecución y cárcel que muy pocos conocen en detalle.
Un levantamiento fallido y el primer exilio
A comienzos de los años 30, siendo muy joven, Yupanqui participó del alzamiento radical liderado por los hermanos Kennedy en La Paz, provincia de Entre Ríos, un levantamiento armado contra el gobierno surgido del golpe de 1930. La revuelta fracasó por falta de coordinación entre los grupos rebeldes, y Yupanqui tuvo que escapar cruzando el Paraná hacia Uruguay, refugiándose después también en el sur de Brasil. Fue, en sus propias palabras, su primer exilio.
Militancia comunista y persecución bajo el peronismo
Durante los años del primer peronismo, Yupanqui estuvo vinculado al Partido Comunista, para el que llegó a escribir en el periódico La Hora. Esa militancia, sumada a su negativa a plegarse a los actos oficiales del gobierno, le costó caro.
En febrero de 1951, la policía lo detuvo junto al periodista Alfredo Varela frente a la embajada soviética en Buenos Aires. Yupanqui contó después lo que le hicieron para quebrarlo: le pusieron una máquina de escribir sobre la mano derecha y saltaron encima para deshacérsela. "Buscaban deshacerme la mano", relató. El golpe le fracturó el dedo índice de esa mano.
Lo que los policías no sabían —o no les importó— es que Yupanqui tocaba la guitarra con la mano izquierda. El daño en la derecha, pensado para silenciarlo, no le impidió seguir tocando.
La persecución continuó: fue expulsado del Partido Comunista en 1952 tras circular rumores de que había intentado pedirle a Perón que aflojara la censura sobre su obra, y todavía pasó por una nueva detención en la cárcel de Villa Devoto antes de que su carrera pública pudiera retomar un curso más normal a partir de 1955.
El exilio a Francia y la mano de Édith Piaf
Amenazado y sin poder trabajar tranquilo en su país, Yupanqui terminó emigrando a Francia. Ya en París, una figura inesperada cambió su suerte: Édith Piaf lo invitó a subirse a un escenario junto a ella, el 7 de julio de 1950, y ese espaldarazo le abrió las puertas de Europa. Con los años terminaría radicándose definitivamente en París, donde sería condecorado por el Estado francés como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras.
La leyenda que hoy asociamos con el folklore más puro del interior argentino pasó, antes de eso, por la cárcel, la tortura y el exilio por sus ideas.
